Junto con la corrupción política en todas sus formas (hipocresía, nepotismo, engaño, etc..), o precisamente por ello, se ha generado en la sociedad española un mecanismo laboral perverso que condena a millones de trabajadores (unos 10 de los aproximadamente 23 que conforman la población activa de España en 2011) a malvivir en unas condiciones laborales propias del caciquismo andaluz del siglo XIX.
Fue Felipe Gonzalez PSOE quien en 1984, bajo la proclama de "es preferible que trabajen 200 días a que no lo hagan ninguno" quien extendió a todo el sistema de relaciones laborales la contratación temporal que ya existía en la construcción y en el campo. Lo hizo extensible pues a la industria y a los servicios, y desde entonces, casi la mitad de la población activa trabajamos una temporada y estamos en el paro otra temporada. Alternamos periodos de trabajo y paro, no somo trabajadores estables (como lo son 2,5 millones de funcionarios y unos 9 millones de trabajadores de empresas privadas con contrato indefinido) y tampoco permanecemos estáticos (poco más de medio millón de personas no han trabajado en 5 años), sino que ora trabajamos, ora no labora. Somos en realidad subempleados, que en un momento conseguimos un trabajo de 6 meses de duración como que estamos 12 en desempleo, o viceversa. En realidad, mendigamos en la plaza pública un contrato de trabajo, no ya bajo el dedo del cacique, sino de la entrevista del técnico de personal. Tanto da.
Y la mayoría no somos seres aislados que vivimos en capsulas. Tenemos familia, relaciones de amistad y vecindad, pertenecemos a alguna asociación, aunque sea de fiestas, y toda esa red social es la que ha permitido "ir tirando". Durante 15 años ha habido veces que yo estoy sin trabajo, pero lo tiene mi pareja, o viceversa. Incluso ha habido años en que hemos tenido trabajo ambos. Pero tanto en 1992-1994 como ahora mismo, ninguno de los dos lo tiene.
Si además de esta situación de precariedad, añadimos que a la misma se unen jornadas prolongadas (hasta 60 horas semanales, salarios indecentes (1.000 € ya está bien, cuando lo normal es encontrar de 800 €/mes máximo) y un sinfín de cosas más (todos conocemos trabajadores con sólo 1 semana de vacaciones anuales), comprobamos que trabajar de esa manera no sólo no es digno, es que es injusto.
Y ésta situación se repite en muchísimos otros casos, por lo que el malestar y los motivos para la protesta se intensifican. A la corrupción política le hemos unido la corrupción laboral, y aún así y todo, algo parecido sucedió en el periodo 1993-1995 y no surgió éste tipo de protesta ciudadana. ¿Cual es la diferencia?
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