martes, 17 de febrero de 2015

Ciudadanos, el cortafuegos.

Ciudadanos se ha convertido ya en el refugio de quienes, con una visión conservadora de la sociedad y habiendo votado anteriormente al PP, se han visto profundamente decepcionados con la gestión de éste partido al frente de las instituciones desde que Mariano Rajoy llegara a La Moncloa.

Anteriormente, les había unido a este partido el rechazo a las políticas superfluas de Zapatero en las que se extendían los derechos civiles a una exigua minoría discriminada (en la que, por supuesto, no se encontraban ellos) y se intentaba revertir una clara discriminación histórica (en la que tampoco se sentían reflejados). Pero sobre todo, el rechazo al paro que habían sufrido sus expectativas de mejora económica y de status a partir de la transformación de ZP de Presidente del Gobierno a Delegado de Bruselas.

No es que sufrieran graves penalidades económicas, sino que su posición relativa de bienestar con respecto a quienes peor situación laboral tuviesen se habían desvanecido.  Con Rajoy creyeron que volverían a su anterior posición, y disfrutarían de su ventaja relativa frente a una creciente marea de empobrecidos ciudadanos, en la que algunos ya empezaban a verse inmersos.

Nada les había importado hasta ese momento las políticas del PP en las CC.AA., provincias y municipios en los que el enchufismo, el despilfarro, el compadreo y el abuso de las instituciones, o bien no les había afectado o implicado, o bien incluso habían podido sacer provecho del mismo.
Pero conforme el mandato de Mariano Rajoy iba avanzando, y su posición y economía no sólo mejoraba, sino que incluso empeoraba y cada vez se veían más lejos de sus sueños de “grandes burgueses” y más cerca de una “población marginada”, el rechazo al PP empezaba a tomar cuerpo, sin que necesariamente les llevase a una aceptación del que poco antes había sido su objeto de repudio y causantes de sus males, el PSOE.

Su rechazo a ambas opciones políticas les llevaba a incrementar las filas de la abstención y, en mucha menor medida, apoyar a los partidos que se habían opuesto a ambos. Así aumentaba la estimación de voto a UPyD y a IU. Pero era el rechazo al PSOE y al PP y no el abrazo a UPyD e IU lo que les unía.
A partir de las últimas Elecciones al Parlamento europeo de 2014, comprueban que otras personas a quienes no desean parecerse, los decepcionados e indignados con las políticas del PSOE tratados despectivamente como “perroflautas”, han encontrado una nueva opción política que abrazar que permite rechazar al PSOE y también al PP sin tener que unirse a UPyD e IU, considerados satélites del PSOE por su vinculación (distinta y distante) con éste partido.
Y empiezan a engrosar la masa de nuevos fieles de Podemos que rechazan a “la casta” que los ha conducido a la pérdida de posición social y empeoramiento de su economía doméstica. Sin más convencimiento que el rechazo al gobierno de ahora y al de antes. Sin embargo, los continuos ataques y las informaciones sobre el desconocido Podemos van tomando cuerpo y haciéndose presentes conforme aumenta la intención de voto de esta nueva opción electoral. Algunos sectores de las élites económicas, y de las élites políticas, empiezan a considerar en serio la posibilidad de que el tranquilo  pacífico panorama electoral que durante 35 años les ha permitido ser élites o mantenerse en la misma, empieza a resquebrajarse por la izquierda. Además, de una forma muy peligrosa pues pone el dedo en la llaga, en “la casta”. En ellos.

Y toma cuerpo la necesidad de evitar el ascenso de una opción electoral no domesticada, ajena a su influencia, y que tiene un discurso que cala no sólo entre los indignados, sino entre “los desplazados”, aquellas personas conservadoras propensas al PP, nada proclives a la izquierda, y que socialmente se autoengloban en el difuso y confuso concepto de “clase media”, enemigas de cualquier veleidad obrera y gustosas de las sacrosantas tradiciones patrias. Personas a las que siempre ha sido fácil atraerse en una defensa común de la discriminación y la diferenciación social (en provecho propio desde luego, pero que se beneficiaban de la consideración social por su cercanía “media”).

Unas personas que han perdido status, consideración social, negocio, empleo, ahorros y, hasta su vivienda y su propia autoestima. Una clase social empobrecida y desplazada de su posición en la sociedad en grado tal que, el rechazo a ZP y al PSOE estaba quedando en lugar secundario ante el rechazo al PP y la convicción de que su situación  en nada se parecía a la de los innumerables Bárcenas, Rato, Correa o “patriotas suizos” pueblan las cúpulas territoriales del PP. Un rechazo que se estaba traduciendo en una creciente abstención (que por ende beneficiaba a los partidos enfrentados al PP) y en un apoyo creciente a Podemos, opción absolutamente desbocada y descontrolada.

Es por tanto necesario la creación de un cortafuegos que evite la extensión de las fugas/fuegos a campos en los que, de escamparse, pueden correr peligro las propiedades y privilegios tan cuidadosamente acumulados durante decenios. El simple hecho de que se evalentonen y rebelen las masas trabajosamente domesticadas (que gran papel el jugado por la izquierda sindical) pone en riesgo su construcción del equilibrio político y el crecimiento económico. Unas fugas que son tan extensas que hasta su baluarte político corre peligro de descomposición. Es necesaria una réplica al avance de los pobres. Es necesario un “Podemos de derechas”.    

Se puede crear exnovo, pero va a costar mucho crear la réplica, y las precipitaciones no son buenas consejeras (ya se sabe lo que pasó cuando se generó el fascismo como réplica del comunismo). Se puede intentar apoyar a alguna opción existente y que se pueda enfrentar a Podemos. El PSOE desde luego no sirve, y gracias a Podemos incluso se han quitado de en medio a IU. UPyD hubiera podido ser buena opción, pero se han creido tanto la “regeneración” que incluso se permiten atacar a algunos miembros de la élite por las imprudencias cometidas (corrupción y fraude generalizado, puesto al descubierto). No cuestionan el status quo socioeconómico, pero sí el político e institucional. No son útiles. Ah, pero hay una opción muy parecida, ávida de protagonismo, y tan menuda y periférica que resulta fácilmente controlable.

Y dicho y hecho. Un pequeño partidito autonómico sin apenas miembros, que nunca ha atacado al PP y que encarna en lo esencial lo mismo que éste, pero sin estar manchado (bueno, y si lo está nadie se ha enterado), con “un guaperas” al frente que oponer “al coletas”, y que encima encandila a las mujeres sin producir enfado en los hombres. Ideal. Y se inicia la Operación Sucursal. Se trata de crear una marca blanca, ya intentada con UPyD pero que se ha independizado, con un líder que acepte mejor someterse que la obtusa Rosa Díez.

La Operación consiste en incrementar la visibilidad mediática de un partido con un solo líder (y poco más, como lo era pocos meses antes Podemos), que aparezca en los medios como líder nuevo y de futuro (por más que sea un político profesional desde 2006), tradicionalmente español (y qué mejor tradición que enfrentarse al catalanismo). Pero eso no basta. Le hacen falta recursos económicos (bueno, nunca se ha metido ni con los bancos ni las grandes empresas, démosle crédito y fondos) y sobre todo personas que rellenen listas electorales por dondequiera que haya fuegos/fugas. Hacen falta bomberos. Pero en tiempos de penurias económicas, no deben faltar quienes deseen el trabajo, máxime cuando el mismo no lleva más fatiga que parlotear durante 4 años con un jugoso sueldo institucional. Y si hace falta, se reconvierten policías desde el PP en bomberos de Ciudadanos.


Y así al menos disponemos de un cortafuegos mientras que vamos viendo de qué manera conseguimos apagar el fuego de un pueblo que está empezando a descubrir la gran farsa que hemos generado con este régimen que no es más que una prórroga suave del anterior.