Ciudadanos se ha convertido ya en
el refugio de quienes, con una visión conservadora de la sociedad y habiendo
votado anteriormente al PP, se han visto profundamente decepcionados con la
gestión de éste partido al frente de las instituciones desde que Mariano Rajoy
llegara a La Moncloa.
Anteriormente, les había unido a
este partido el rechazo a las políticas superfluas de Zapatero en las que se
extendían los derechos civiles a una exigua minoría discriminada (en la que,
por supuesto, no se encontraban ellos) y se intentaba revertir una clara
discriminación histórica (en la que tampoco se sentían reflejados). Pero sobre
todo, el rechazo al paro que habían sufrido sus expectativas de mejora
económica y de status a partir de la transformación de ZP de Presidente del
Gobierno a Delegado de Bruselas.
No es que sufrieran graves
penalidades económicas, sino que su posición relativa de bienestar con respecto
a quienes peor situación laboral tuviesen se habían desvanecido. Con Rajoy creyeron que volverían a su
anterior posición, y disfrutarían de su ventaja relativa frente a una creciente
marea de empobrecidos ciudadanos, en la que algunos ya empezaban a verse
inmersos.
Nada les había importado hasta
ese momento las políticas del PP en las CC.AA., provincias y municipios en los
que el enchufismo, el despilfarro, el compadreo y el abuso de las
instituciones, o bien no les había afectado o implicado, o bien incluso habían
podido sacer provecho del mismo.
Pero conforme el mandato de
Mariano Rajoy iba avanzando, y su posición y economía no sólo mejoraba, sino
que incluso empeoraba y cada vez se veían más lejos de sus sueños de “grandes
burgueses” y más cerca de una “población marginada”, el rechazo al PP empezaba
a tomar cuerpo, sin que necesariamente les llevase a una aceptación del que
poco antes había sido su objeto de repudio y causantes de sus males, el PSOE.
Su rechazo a ambas opciones
políticas les llevaba a incrementar las filas de la abstención y, en mucha
menor medida, apoyar a los partidos que se habían opuesto a ambos. Así
aumentaba la estimación de voto a UPyD y a IU. Pero era el rechazo al PSOE y al
PP y no el abrazo a UPyD e IU lo que les unía.
A partir de las últimas
Elecciones al Parlamento europeo de 2014, comprueban que otras personas a
quienes no desean parecerse, los decepcionados e indignados con las políticas
del PSOE tratados despectivamente como “perroflautas”, han encontrado una nueva
opción política que abrazar que permite rechazar al PSOE y también al PP sin
tener que unirse a UPyD e IU, considerados satélites del PSOE por su
vinculación (distinta y distante) con éste partido.
Y empiezan a engrosar la masa de
nuevos fieles de Podemos que rechazan a “la casta” que los ha conducido a la
pérdida de posición social y empeoramiento de su economía doméstica. Sin más
convencimiento que el rechazo al gobierno de ahora y al de antes. Sin embargo,
los continuos ataques y las informaciones sobre el desconocido Podemos van
tomando cuerpo y haciéndose presentes conforme aumenta la intención de voto de
esta nueva opción electoral. Algunos sectores de las élites económicas, y de
las élites políticas, empiezan a considerar en serio la posibilidad de que el
tranquilo pacífico panorama electoral
que durante 35 años les ha permitido ser élites o mantenerse en la misma,
empieza a resquebrajarse por la izquierda. Además, de una forma muy peligrosa
pues pone el dedo en la llaga, en “la casta”. En ellos.
Y toma cuerpo la necesidad de
evitar el ascenso de una opción electoral no domesticada, ajena a su
influencia, y que tiene un discurso que cala no sólo entre los indignados, sino
entre “los desplazados”, aquellas personas conservadoras propensas al PP, nada
proclives a la izquierda, y que socialmente se autoengloban en el difuso y
confuso concepto de “clase media”, enemigas de cualquier veleidad obrera y
gustosas de las sacrosantas tradiciones patrias. Personas a las que siempre ha
sido fácil atraerse en una defensa común de la discriminación y la
diferenciación social (en provecho propio desde luego, pero que se beneficiaban
de la consideración social por su cercanía “media”).
Unas personas que han perdido
status, consideración social, negocio, empleo, ahorros y, hasta su vivienda y
su propia autoestima. Una clase social empobrecida y desplazada de su posición
en la sociedad en grado tal que, el rechazo a ZP y al PSOE estaba quedando en
lugar secundario ante el rechazo al PP y la convicción de que su situación en nada se parecía a la de los innumerables
Bárcenas, Rato, Correa o “patriotas suizos” pueblan las cúpulas territoriales
del PP. Un rechazo que se estaba traduciendo en una creciente abstención (que
por ende beneficiaba a los partidos enfrentados al PP) y en un apoyo creciente
a Podemos, opción absolutamente desbocada y descontrolada.
Es por tanto necesario la
creación de un cortafuegos que evite la extensión de las fugas/fuegos a campos
en los que, de escamparse, pueden correr peligro las propiedades y privilegios
tan cuidadosamente acumulados durante decenios. El simple hecho de que se evalentonen
y rebelen las masas trabajosamente domesticadas (que gran papel el jugado por
la izquierda sindical) pone en riesgo su construcción del equilibrio político y
el crecimiento económico. Unas fugas que son tan extensas que hasta su baluarte
político corre peligro de descomposición. Es necesaria una réplica al avance de
los pobres. Es necesario un “Podemos de derechas”.
Se puede crear exnovo, pero va a
costar mucho crear la réplica, y las precipitaciones no son buenas consejeras
(ya se sabe lo que pasó cuando se generó el fascismo como réplica del
comunismo). Se puede intentar apoyar a alguna opción existente y que se pueda
enfrentar a Podemos. El PSOE desde luego no sirve, y gracias a Podemos incluso
se han quitado de en medio a IU. UPyD hubiera podido ser buena opción, pero se
han creido tanto la “regeneración” que incluso se permiten atacar a algunos
miembros de la élite por las imprudencias cometidas (corrupción y fraude
generalizado, puesto al descubierto). No cuestionan el status quo socioeconómico,
pero sí el político e institucional. No son útiles. Ah, pero hay una opción muy
parecida, ávida de protagonismo, y tan menuda y periférica que resulta
fácilmente controlable.
Y dicho y hecho. Un pequeño
partidito autonómico sin apenas miembros, que nunca ha atacado al PP y que
encarna en lo esencial lo mismo que éste, pero sin estar manchado (bueno, y si
lo está nadie se ha enterado), con “un guaperas” al frente que oponer “al
coletas”, y que encima encandila a las mujeres sin producir enfado en los hombres.
Ideal. Y se inicia la Operación Sucursal. Se trata de crear una marca blanca,
ya intentada con UPyD pero que se ha independizado, con un líder que acepte
mejor someterse que la obtusa Rosa Díez.
La Operación consiste en
incrementar la visibilidad mediática de un partido con un solo líder (y poco
más, como lo era pocos meses antes Podemos), que aparezca en los medios como
líder nuevo y de futuro (por más que sea un político profesional desde 2006),
tradicionalmente español (y qué mejor tradición que enfrentarse al
catalanismo). Pero eso no basta. Le hacen falta recursos económicos (bueno,
nunca se ha metido ni con los bancos ni las grandes empresas, démosle crédito y
fondos) y sobre todo personas que rellenen listas electorales por dondequiera
que haya fuegos/fugas. Hacen falta bomberos. Pero en tiempos de penurias
económicas, no deben faltar quienes deseen el trabajo, máxime cuando el mismo
no lleva más fatiga que parlotear durante 4 años con un jugoso sueldo
institucional. Y si hace falta, se reconvierten policías desde el PP en
bomberos de Ciudadanos.
Y así al menos disponemos de un
cortafuegos mientras que vamos viendo de qué manera conseguimos apagar el fuego
de un pueblo que está empezando a descubrir la gran farsa que hemos generado
con este régimen que no es más que una prórroga suave del anterior.